Bitácora Suramericana

notas de un viaje por Suramérica

Panamá, 6 de marzo. El día más esperado.

Comarca Guna Yala, Panamá

a las 5:00 am pasó a recogernos un carro todoterreno a mi casa, en la ciudad de Panamá. El viaje hasta el puerto de Cartí en la comarca Guna Yala (Kuna Yala), en el Caribe panameño, dura dos horas. Tenemos planeado acampar un par de días en alguna isla ya que el clima, debido a los vientos Alicios, no es navegable y aún no sabemos si saldremos en los siguientes días.

Al llegar a Cartí me informaron que saldríamos de una vez hacia Colombia. El bote: un lancha rápida con capacidad para 8-10 persona, un capitán y un ayudante. En facto a bordo habían: de 8-10 personas, el capitán y el ayudante, equipaje y una lavadora.

Nota: en Panamá los impuestos sobre artículos electrónicos y alcohol, entre otros, son bastante bajos. Por lo que es sostenible comprar una lavadora y hacer todo el viaje en bote hasta Colombia.

Nota 2; el viaje en bote desde Cartí hasta el pueblo de Turbo en Colombia dura 12-14 h y cuesta unos 140 USD. Hay que hacer escala en Puerto Obaldía (sello de salida de Panamá), luego en Capurganá (sello de entrada a Colombia), para por último llegar a Turbo, en donde hay terminal de buses con conexión a las ciudades más importantes.

El viaje no fue tranquilo: olas de hasta 4 m levantaban la lancha, el viento soplaba fuerte, tanto que desviaba el trayecto de la lancha. Para compensar y mantener el equilibrio de la lancha el Capitán (muy experimentado por cierto) nos utilizó como lastre. Es increíble la sensibilidad que tenía ese señor para nivelar la lancha con cada centímetro que nos hacía correr hacia estribor o  babor (derecha o izquierda en sentido de la marcha). La verdad fue una aventura, no sentí miedo. Me sentía seguro porque durante todo el viaje se veía la costa, así en caso de emergencia sabía hacia donde nadar. Además el capitán transmitía seguridad.

Diez horas bajo el efecto de los rayos UV, viento y agua salada. El baño estaba incluido en el precio. El efecto sobre mi piel la estaré sufriendo las siguientes dos semanas.

La vista es espectacular, el Caribe panameño es impresionante a pesar del mal clima, el cielo gris y las aguas turbias. No fue la mejor época para visitar el Caribe, pero aún así quedé con ganas de volver. Algo que me llamó la atención fueron los pequeños islotes de no más de 15 metros cuadrados, en donde pegaditos unos al otro cabían 4-5 palmas. Ahí vive gente. Ví una pequeña casita, más no cabían.  El capitán me dijo que ellos se dedican a la pesca y a la recolecta de cocos.

Los pueblos indígenas de la Comarca se construyen sobre el agua e islas, en la costa. Entramos a varios de esos pueblos. Las islas están conectadas con puentes, el medio de transporte único es el cayuco (lancha de madera con propulsión a remo). Los baños o servicios son bastante simples y consisten de agujeros en el suelo; los deshechos caen al agua. Todo un lujo. En algo me recordó a Venecia, solo que sin carros ni turistas.

Llegamos a Puerto Obaldía después de las cuatro de la tarde, lo que significa que el funcionario de la frontera acabó su turno. Fue inútil convencerlo. En el Caribe todo se toma con calma, asi que nuestro grupo también decidió tomarlo con calma. Pasamos la noche allá.

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Esta entrada fue publicada en abril 3, 2013 por en Panamá y etiquetada con , , .

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